Por. Mg. Eglis Gaínza

Algunas personas me preguntan al terminar las capacitaciones sobre los problemas que preocupan a los seres humanos en la actualidad, los fenómenos que se ven todos los días de acciones repudiables de inmoralidad.

Es precisamente la autovaloración, que tiene en su base la autoconciencia, se encuentra íntimamente relacionada con las principales tendencias motivacionales de contenido moral que determinan la posición activa ante la vida, su actitud hacia lo que lo rodea, los demás y hacia sí mismo. Por lo tanto si usted es una persona sin sentido de identidad y baja autoestima personal, le está faltando dos de los componentes fundamentales que participan en el nivel superior de regulación moral y que influyen directamente en la autodeterminación.

El sentido de identidad puede considerarse como aquella formación que garantiza la constancia y estabilidad necesaria de la personalidad para su diferenciación de los demás, a pesar de las variaciones que experimenta el individuo en su desarrollo, en tanto que la autoestima personal apunta a la apreciación que el individuo tiene de sí mismo, de lo cual se deriva satisfacción o insatisfacción personal.

Cuando un valor moral forma parte estable de la personalidad del individuo, forma parte de su sentido de identidad, la persona orienta su conducta, internamente, a partir del contenido de este valor.

Cuando la autoestima personal se alcanza no a través de la satisfacción prioritaria de necesidades de orden individual como la necesidad de realización personal, de beneficio personal, de posesión de bienes materiales, sino fundamentalmente, por el hecho de que el comportamiento sistemático de la persona se corresponda con sus valores morales, lo cual genera el sentido de autorrespeto, dignidad personal, autoaprobación, vivenciado intensamente; es que podemos hablar de formación de valores a un nivel superior de regulación.

Al alcanzar este nivel de desarrollo de los valores, decimos que el individuo ha logrado el nivel de autonomía moral, ya que se hace capaz de mantener un comportamiento moral estable independiente de las presiones externas  y se hace capaz, al mismo tiempo de ser un agente activo en el enfrentamiento de toda violación de lo moralmente establecido.

Entonces que pasa en nuestras sociedades que hay muchas personas que han alcanzado el nivel de la “moral convencional” o simplemente socializadas, y muy pocos hombres y mujeres que han logrado el nivel de autodeterminación moral.

Las personas “socializadas” se comportan de acuerdo a los valores establecidos y reconocidos socialmente por un sentido de respeto a lo constituido, a la autoridad, lo cual, no se debe violar. Dentro de este nivel de desarrollo, estos individuos están en un nivel más alto, que aquellos que se comportan moralmente por motivos puramente individuales, es decir, como vía para preservar sus intereses personales sin entrar en contradicción con lo normado, con la reprobación de los demás (opinión social) lo cual constituye, en estos casos, el mecanismo que regula el comportamiento moral.

En el nivel superior de desarrollo de los valores, cuando estos alcanzan un funcionamiento autónomo, el mecanismo principal que moviliza el comportamiento moral, (aún cuando el individuo pueda estar en contradicción con presiones externas) es la búsqueda de autoaprobación, la satisfacción de su sentido de autoestima personal, ya que él dejaría de ser él mismo, es decir, iría en contra de su propia identidad, sí transgrede la norma.

Todo ser humano tiene potencialidades, solo hay que partir de ellas para elevarlo a una mejor condición. Esta es precisamente, la clave para el estudio de los valores y para la instrumentación de su educación.

Debemos buscar, investigar, donde radica, en qué consisten estas potencialidades del desarrollo moral en cada etapa del desarrollo y sobre esta base organizar el proceso de actividad y comunicación en el sistema educativo que contribuya a que el estudiante construya sus valores a partir de estas potencialidades y en aquellos casos que no se han logrado desarrollar estos “capullos” del desarrollo, implementar estrategias educativas que contribuyan a desarrollarlos.

La concepción de desarrollo y de  personalidad nos permite pensar que en la edad juvenil el desarrollo de estas  potencialidades debe estar dirigido a implicar la autovaloración de los jóvenes con  contenidos morales que posibiliten movilizar la autoestima  y el sentido de identidad personales en la dirección de los valores, que como sociedad, nos hemos planteado formar, lo cual es solo posible si se parte de las necesidades y motivos fundamentales de estos jóvenes, que en el caso de la educación  están asociados fundamentalmente a su formación profesional. Este es el resorte que los educadores deben poner a funcionar como primera condición para la educación de valores.

Pero ayuda el sistema educativo, su estructura, su calidad, sus contenidos tenemos clara la conceptualización de los valores desde diferentes ópticas: filosófica, sociológica y psicológica.

Existe un diagnóstico psicopedagógico de los valores, así como la metodología para la caracterización de la responsabilidad en estudiantes.

Las principales tendencias en la educación de valores y se aborda esta temática en el curriculum.

El futuro inmediato debe ser una revolución en valores porque como apuntara en 1974  Jean Piaget. “A dónde va la educación”. Taide. Barcelona, 1974:

“La Educación forma un todo indisociable y no es posible formar unas personalidades autónomas en el terreno moral si por otra parte el individuo está sometido a una coacción intelectual tal que debe limitarse a aprender por encargo sin descubrir por sí mismo la verdad: si es pasivo intelectualmente, no puede ser libre moralmente”.

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