Por: Mg. Eglis Gaínza.

El tema que deseo compartir con mis seguidores es atrapante, emocionante… ni siquiera es de actualidad… pero sí es muy necesario… al menos para los estudiantes de cualquier nivel.

Nos enseñan a caminar, nos enseñan a comer con cuchillo y tenedor, a escribir, a leer … pero a veces se olvidan de enseñarnos a estudiar. El maestro supone que es una tarea que debe ser aprendida en la casa, los padres creen que debe ser algo que se enseñe en la escuela… y debido a este malentendido o falta de comunicación uno crece sin saber muy bien cómo es que todo eso que está en un papel pasa a formar parte de nuestros conocimientos generales… al menos por un lapso de tiempo.

Algunos conocimientos se evaporan como las gotas de rocío en una mañana de primavera, otros se congelan y permanecen adormecidos hasta que una necesidad los deshiela y los pone en actividad, otros son el manantial del que nos valemos para enfrentar la vida cotidiana, y algunos otros son el mar que nos arrastra en divagaciones sin fin acerca de métodos y conceptos. Y, sí… la mente es algo maleable, fluctuante. A cada segundo recibimos miles de estímulos nerviosos que provienen del exterior, y también del interior de nosotros mismos. Si estoy agitado, por ejemplo, siento el golpeteo del corazón como si quisiera escaparse de mí. No es que el corazón funcione solo en ocasiones de ejercicio… pero, es ahí cuando NOS DAMOS CUENTA, o sea; tomamos conciencia de su existencia. De repente nos damos cuenta que necesitamos encontrar una forma más simple de estudiar, queremos hallar alguna fórmula para rendir bien los exámenes.startup-photos

No hay fórmulas mágicas para estudiar, la osmosis no funciona con los libros, no hay software disponible para incorporar información y procesarla en cuestión de segundos… al menos no de primera vez. Es posible incorporar ciertos lineamientos a la hora de estudiar, hacer propios algunos caminos que simplifiquen y clarifiquen el hecho de estudiar. Veamos algunas consideraciones, quizás les parezcan obvias, pero les puedo asegurar que no lo son: Hablemos por ejemplo del espacio: Es muy positivo tener un rinconcito de estudio, dentro de las posibilidades individuales. Si no hay espacio físico, al menos condicionarnos en lo mental.

La luz es muy importante, una luz demasiado fuerte cansa la vista, una luz demasiado débil la fuerza innecesariamente. Si está dentro de sus posibilidades, utilizar un velador que se focalice en el texto y no en sus ojos… no tenemos que ver nuestros ojos sino el papel, el libro… así que lo que debe estar iluminado es el texto. Y si vamos a escribir la luz debe venir del sentido opuesto, es decir: si somos diestros de la izquierda, si somos zurdos de la derecha.

Les propongo dos alternativas: Una es la música instrumental, con un volumen bajo. La otra es lo que se da en llamar «ruido blanco» bien podría ser un reloj puesto cerca de nosotros. Momento… ¿Qué es un sonido blanco? Nuestro cerebro tiene demasiado trabajo… son cinco sentidos, y procesar la información que le trae cada uno es extenuante… cuando algún estimulo se vuelve permanente, se deja de registrar, así de simple. Si me preguntan qué tipo de música instrumental les recomiendo, los clásicos son excelentes para crear un clima de concentración: Mozart, Haidyn. Hay estudios hechos acerca de la música de Mozart y el incremento de la inteligencia.

Es que la música que pertenece al periodo clásico tiene una organización matemática que condiciona al cerebro a funcionar en una frecuencia. No por nada le decían «el constructor» a mi amado Mozart. La música, como el reloj… llega un punto en que no se escucha… o, mejor dicho: no se registra…pero funciona a nivel inconsciente como armonizador. Esperen otros artículos relacionados con este tema de técnicas efectivas de estudio.