Por: Mg.  Eglis Gaínza.

Cuando era niño en mi natal Cuba, mis padres me decían todo el tiempo lo que tenía que hacer y me regañaban cuando no les hacía caso especialmente mi madre aunque admito que fui un pequeño bien obediente, cuando fui a la escuela mis maestros a los que recuerdo con cariño también me decían que hacer y algunos te daban un reglazo si no les hacía caso o te agarraban por la patilla, los pelos para que me entiendan mejor, cuando me fui al Servicio Militar obligatorio el sargento instructor me daba órdenes y pobre de mí si no las cumplía, recuerdo que una vez casi me desmayo de tanto correr. Cuando entré en mi primer trabajo como locutor, tenía una directora que ni corta ni perezosa me daba instrucciones. Por lo tanto, cuando alcancé un puesto de cierta autoridad, ¿qué hice? Decirles a mis subordinados lo que debían hacer. Y esto ha sido así para la mayoría de nosotros: nos han criado diciéndonos qué hacer, y la verdad es que a muchos se nos da muy bien.images

El atractivo del “ordeno y mando” reside, además de en su rapidez y sencillez, en que otorga al que da la orden la sensación de tener el control. Sin embargo, es una falacia, porque lo que consigue es desalentar a los subordinados, que no se atreven ni a ofrecer ni a mostrar su opinión, que de todas maneras tampoco sería escuchada. El resultado es que se muestran obedientes ante la presencia del jefe, pero cuando desaparece se comportan de manera distinta, con un bajo rendimiento en el mejor de los casos, o con franco sabotaje en el peor.

Cuando comencé a interesarme por el Coaching en Ecuador lo que más me llamó la atención es que busca liberar el potencial de las personas para que puedan llevar su rendimiento al máximo.

El coaching ayuda a los demás a aprender, en lugar de simplemente enseñar o dar órdenes. Al fin y al cabo, ¿cómo aprendemos a caminar? ¿Nos enseñan nuestras madres? En absoluto. Todos nacemos con una capacidad innata y natural de aprendizaje. Nos parecemos más a la semilla de un árbol, por ejemplo, en el sentido de que escondemos en nuestro interior el potencial necesario para convertirnos en una caoba o un cedro magnífico. Necesitamos alimento, aliento y luz para crecer, pero el cedro se encuentra en nuestro interior desde el principio.

Como nos explicaba nuestra profesora Liliana Bauner el coaching es un método pensado para mejorar el rendimiento en cualquier ámbito (en el deporte, en el trabajo, en la escuela, en lo personal, etc.) y se basa en la relación que se establece entre un coach y un discípulo (o “coachee”). El coaching se puede utilizar de una forma muy estructurada (estableciendo un calendario de sesiones) o de manera informal (por ejemplo, durante las breves interacciones cotidianas que se dan entre un gerente y sus empleados). En cualquiera de los casos, siempre se basa en el diálogo y en las preguntas que plantea el coach a su discípulo.

¿Cuándo, dónde y para qué empleamos el coaching en el lugar de trabajo? Algunas de las oportunidades más evidentes son las siguientes:                                                            images-1

Motivar al personal.

Delegar.

Resolver problemas.

Relacionarse de manera interpersonal.

Reforzar equipos.

Valorar y evaluar el rendimiento.

Desarrollar planes de carrera.

El coaching no es una mera técnica que hay que desempolvar y aplicar rígidamente en circunstancias concretas. Es una manera de gestionar, de tratar a las personas, de pensar, de ser y estar. Ojalá llegue el día en que el término coaching desaparezca del vocabulario y se convierta en la manera en que nos relacionamos con los demás tanto en el trabajo como en otros contextos.